Preparando el campo de batalla

Nuestra mente es el campo para la batalla espiritual. La batalla espiritual es una condición específica de la mente que usará fortalezas para tratar de manipular nuestra forma de pensar, nuestras emociones y nuestro cuerpo. Una mente desprotegida es tierra fértil para producir deseos de la carne y hacer crecer situaciones que nos mantendrán aprisionados a una vida de esclavitud. Mientras que la Palabra de Dios, es el material de construcción, tabiques y mortero, que levantará paredes fuertes que protejan nuestra mente. Sin ella, nuestra mente no estará preparada y no podrá defenderse durante la pelea. Así que la única forma de prepararnos contra los ataques espirituales es renovar, intencionalmente y continuamente, nuestra mente con la Palabra de Dios, pues muchas de las batallas espirituales que experimentamos el día de hoy son deseos de la carne que nos distraen de vivir una vida victoriosa a través del Espíritu de Dios.
Y recuerda, si Satanás puede controlar un área, aunque sea muy pequeña en nuestra mente, podrá empezar a expandirse a cualquier otra área de nuestra vida. 

 Pasa tiempo intencional con Dios en oración, pero antes, ¡prepárate! Lee, reflexiona y actua en:
 2 Corintios 10: 4-6

Usamos las armas poderosas de Dios, no las del mundo, para derribar las fortalezas del razonamiento humano y para destruir argumentos falsos.5 Destruimos todo obstáculo de arrogancia que impide que la gente conozca a Dios. Capturamos los pensamientos rebeldes y enseñamos a las personas a obedecer a Cristo; y una vez que ustedes lleguen a ser totalmente obedientes, castigaremos a todo el que siga en desobediencia.


Romanos 7:14, 18 y 25

14. Por lo tanto, el problema no es con la ley, porque la ley es buena y espiritual. El problema está en mí, porque soy demasiado humano, un esclavo del pecado.

18. Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa no existe nada bueno. Quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo.

25 ¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor. Así que ya ven: en mi mente de verdad quiero obedecer la ley de Dios, pero a causa de mi naturaleza pecaminosa, soy esclavo del pecado. 

Fuente: Randy O. Morrison.
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