Opinión: ¿El “despertar espiritual” de Trump?

La espiritualidad no goza todavía de un papel definido en la personalidad política de Trump. Durante la campaña electoral, el republicano consiguió con poco esfuerzo el apoyo de los principales sectores del conservadurismo cristiano. Pese a su historial de polémicos comentarios sexuales, haberse casado tres veces y firmar órdenes ejecutivas contra minorías vulnerables como los inmigrantes ilegales —a quienes la Iglesia suele proteger—, el presidente retiene en la actualidad un 80% de popularidad entre los evangélicos.

Otros presidentes, como Barack Obama o George W. Bush, recurrieron a frases de apoyo para señalar de manera rutinaria su compromiso religioso. El demócrata habló de su fe como una “fuerza sustentadora”. Para Bush, el rezo y la reflexión eran una actividad constante en su rutina. Trump no ha hecho ninguna mención de este tipo en lo que lleva de presidencia.

Además, en su corta estancia en la Casa Blanca, el presidente ha suspendido algunas de las costumbres religiosas de sus predecesores. No acude a misa los domingos como sí hicieron otros presidentes y ha roto tradiciones como la anual cena del fin del Ramadán. Pero como es habitual en el mundo contradictorio e imprevisible de Trump, la semana pasada el mandatario invitó a 30 pastores evangélicos a Washington y participó en un rezo conjunto en el Despacho Oval.

“Rezamos por conocimiento supernatural, liderazgo y protección”, explicaron en su perfil de Facebook los pastores Rodney y Adonica Howard-Browne, asistentes a la congregación. En la foto que divulgaron, las manos de numerosos predicadores bendicen a uno de los presidentes menos religiosos de la historia de EE UU. Durante la campaña. el republicano —que se ha autodescrito como presbiteriano— ya mantuvo encuentros similares.

Durante las elecciones, muchos de estos pastores le asesoraron en sus Estados, la mayoría en el sur del país. Y en la actualidad siguen en contacto cercano con el presidente, según describió Johnnie Moore, el representante de numerosos de los líderes religiosos presentes. “Está tan fuerte y centrado como siempre”, afirmó Moore sobre Trump.

Entre los más críticos de la estrecha relación entre los evangélicos y este presidente figura el reverendo William Barber II, que calificó la escena de “una mala práctica teológica que se acerca a la profanación”. “Cuando se reza por un presidente que acosa a los más débiles se está violando uno de los valores más sagrados de la religión”, dijo. Desde el Vaticano, un asesor del Papa —con quien Trump se vio en mayo— denunció las ambiciones políticas de este sector cristiano. Y acusó a estas bases conservadoras religiosas de promover la agenda “xenófoba e Islamófoba que quiere deportaciones y muros” de Trump.

Fuente: 
El país.com
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