Opinión: El Estado Islámico sigue matando cristianos

Es el cuarto ataque fundamentalista contra los cristianos coptos perpetrado en los últimos seis meses.

Con cobardía y barbarie inhumana realmente sin par, una decena de milicianos uniformados del Estado Islámico llegados desde el norte del peligroso desierto de Sinaí asesinaron salvajemente -y a mansalva- a 29 peregrinos religiosos coptos en Egipto. Cristianos, entonces. Además dejaron malheridas a otras 24 personas, muchas de las cuales eran niños. Curiosamente, copto, en griego, quiere decir egipcio, nada menos.

Los emboscaron y los masacraron mientras viajaban desprevenidos en vehículos que circulaban por la ciudad de Minya, emplazada a tan sólo unos doscientos kilómetros al sur de El Cairo.
En la que era una típica peregrinación religiosa hacia esa ciudad, las mencionadas víctimas coptas perdieron trágicamente sus vidas. Cual mártires inocentes. Iban, todos juntos y en tres vehículos, al Monasterio de San Samuel, formando parte de una ya tradicional visita.

Ese fue nada menos que el cuarto ataque fundamentalista contra los cristianos coptos perpetrado en los últimos seis meses. En total, ellos generaron 93 víctimas fatales y casi doscientos heridos, en lo que luce como una intensa limpieza religiosa que desde hace rato está en marcha, que no puede ser ignorada. 
Los coptos egipcios, que componen un grupo etnoreligioso, son el 90% de los cristianos de todo Medio Oriente. Los que fueran víctimas del atentado celebraban entonces la fiesta de la Ascensión. Y los musulmanes se preparaban para dar inicio a su celebración denominada Ramadan. Existen en Egipto unos catorce millones de coptos que allí residen desde hace muchísimos años. Un grupo que -por su magnitud e historia- no puede de ningún modo ignorarse.

El episodio violento siguió y formó parte de la serie de ataques consumados recientemente contra los cristianos, iniciada con atentados contra los templos coptos existentes en las ciudades de Tanta y Alejandría. Fueron, por cierto, reivindicados rápidamente por los asesinos que responden al Estado Islámico.

PRECEDENTES

A fines de diciembre pasado, en otro atentado similar, en ese caso en la propia ciudad de El Cairo, los fundamentalistas musulmanes asesinaron desalmadamente a otras 29 personas, incluyendo -allí también- a muchos niños. Los coptos, recordemos, representan un 10% aproximadamente de los 93 millones que componen la población total de Egipto. Pero, como es habitual en muchos de los países musulmanes, tan sólo un 1,5% de los altos funcionarios egipcios son coptos. La política local suele mantenerlos discriminados, a un costado, no por casualidad, sino por intolerancia. Esto obviamente alimenta las persecuciones religiosas de las que son objeto.

Los coptos tienen hasta un idioma propio que utilizan en su liturgia religiosa y constituyen una identidad bien definida. Fueron originalmente evangelizados por San Marcos en tiempos del Imperio Romano, cuando Nerón lo conducía.
Hoy los coptos están agrupados en dos iglesias. Una ortodoxa, que es la claramente mayoritaria. Y otra católica, minoritaria.
Se convirtieron al cristianismo en el año 42, después de Cristo. Los ortodoxos tienen su propio Papa y están separados de la Iglesia católica desde el año 451, cuando ocurrió el Concilio de Calcedonia. Desde entonces pertenecen al grupo de los llamados cismáticos. Además de su presencia en Egipto, hay también grupos coptos de alguna magnitud en Eritrea y Etiopía. Y una diáspora de unos 200.000 fieles que reside en los Estados Unidos. Los coptos de Nubia, por su parte, han prácticamente desaparecido.
Los coptos sostienen que muchos de sus antecesores estuvieron entre quienes construyeron en su momento las formidables pirámides de Egipto.

INCAPAZ

El gobierno egipcio es, queda visto, totalmente incapaz de proteger a sus ciudadanos coptos. Lo que no es demasiado diferente a abandonarlos a su suerte. De eso hay evidentemente muy poca duda. Lo que debe ser denunciado constantemente, para que -de una vez- se preocupe por cuidar efectivamente a los ciudadanos coptos, que hoy ciertamente están expuestos a la mayor violencia, esto es totalmente desprotegidos. 

Ocurre que el actual gobierno egipcio (sostenido sustancialmente por los militares) está -él mismo- empeñado en una suerte de guerra -abierta, pero bastante sorda- contra casi todas las principales organizaciones fundamentalistas islámicas de su país, incluyendo entre ellas a la poderosa Hermandad Musulmana.

Ellas apuntan, mientras tanto, a tratar de erradicar, por todos los medios, a los cristianos de su país. En Irak y Siria ello es ya sumamente evidente. 
Muchos de esos asesinos, intolerantes y fanáticos, se entrenan en la colapsada Libia, una parte de la cual está en manos del Estado Islámico, circunstancia de enorme peligrosidad que no debe quedar desatendida, como hasta ahora. Libia es el paraíso para quienes siembran el terror. En estado de colapso como nación, está dividida en distintos espacios, sin un gobierno central efectivo y con distintos grupos armados que se disputan el poder. Entre ellos, el mencionado Estado Islámico, que abastece y entrena a sus milicianos aprovechando el vacío de poder antes mencionado. La situación es de una enorme peligrosidad, como lo comprueba la tragedia de los coptos en el país vecino: Egipto.

 Las naciones no deben callar la persecución a los coptos en Medio Oriente. Por la monstruosidad que esa persecución supone -reiteramos- no hay espacio para el silencio. Hablamos de una intolerancia asesina creciente. Si no se la condena y persigue ella continuará en aumento. Sembrando el terror aún más allá de las fronteras del país que alguna vez estuviera tiránicamente unificado: Libia, al que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner hiciera una inexplicable visita cuando estaba en funciones.
El mundo cristiano reconoce y tiene en cuenta a los coptos. A punto tal que participan en el cuidado de lugares santos en la ciudad de Jerusalén, junto con otras denominaciones del cristianismo. Por ello reacciona ante la enormidad intolerante de la que son víctimas.


Emilio J. Cárdenas


* Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

Fuente: La prensa.com
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