Era atea, abortó, intentó suicidarse, estuvo desahuciada y afirma haber sido sanada por Dios

Luz Dary Barros nació y vivió su infancia en el populoso barrio “Doce de Octubre” de Vallepudar, a orillas del río Guatapurí, en Colombia. La suya, cuenta, era “una familia sencilla sin mayores lujos ni comodidades, trabajadora; mi madre era ama de casa y comerciante. Mi papá tenía su negocio independiente, de zapatería y lavandería; hasta el sol de hoy lo tiene”.

Madre de dos hijos, titulada de Ingeniero Industrial y Administración de empresas, gerente de una compañía en Panamá, esta mujer (imagen a la izquierda) fue por décadas una activista atea. Hoy, con 43 años de edad, da su testimonio en Portaluz para narrar la extraordinaria intervención de Dios que salvó su vida.

Siendo niña su personalidad se vio alterada por los reiterados conflictos entre sus progenitores y una sensación de no ser querida. También su “adolescencia fue un poco traumática”, puntualiza, recordando las muertes de tres amigos ahogados en el río Guatapuri y su primer intento de suicidio… “Con 14 años me tomé unos fármacos para acabar con mi vida porque no me sentía amada”. Luego vendrían otros intentos que para su bien, no lograron el objetivo. “Hasta los 18 años atenté contra mi vida”, confidencia Luz Dary.

El secreto que guardó por décadas
En su juventud Luz Dary ya era una mujer hermosa que gustaba irse de fiesta. Se acostumbró a beber alcohol en cantidades y tenía varios pretendientes a quienes no daba espacio a ilusionarse. Su objetivo era ser independiente, profesional, exitosa y con ese norte logró un trabajo e ingresar a la Universidad.

Recién había cumplido 19 años cuando comenzó una relación con un hombre diez años mayor; que a los pocos meses decidió dejarlo, por su constante agresividad. Él se descontroló por esta decisión de Luz Dary y argumentando querer conversar del asunto logró llevarla a una heladería... Ella no se dio cuenta cuándo fue que le puso algo en la bebida. “Tomé un sorbo, comencé a estar mareada, luego perdí totalmente el conocimiento”. Al recuperar la conciencia estaba en un dormitorio desconocido, malherida, y su agresor ya había concretado el delito… “Fui violada. Es la primera vez que yo cuento esta parte de mi vida. Lo que yo más cuidaba era mi virginidad y este hombre me la quitó”, recuerda emocionada.

Forjando nuevos vínculos
 Aquella bestialidad padecida no alteró su empeño en los estudios y trabajo, aunque siguió yendo de fiesta, bebiendo y su carácter se tornó agresivo. “Me enfrentaba como un machito a cualquier persona”, puntualiza Luz Dary.

A punto de cumplir los veinte años de edad conoció a quien sería su esposo. Se sintió amada y esto le suavizó el alma, haciendo nacer un vínculo afectivo que experimentaba por primera vez. La infidelidad del novio pronto se hizo manifiesta, dice, siendo un obstáculo durante mucho tiempo...  Al paso del tiempo ella pensó que era tema del pasado y celebraron su matrimonio civil. Además  “él asistía algunas veces a misa, me llevaba, pero yo no creía e incluso me burlaba del sacerdote; solo estaba ahí por complacerlo a él”.

El aborto  
Formar un nuevo hogar y quedar embarazada eran motivo de alegría para Luz Dary. Sin embargo tras el nacimiento de la hija volvió a descubrir infidelidades de su esposo y, desesperada, buscó una solución que sólo trajo mayores males… “Fui a brujerías, santeros, Nueva Era, chacras, acupuntura; muchas cosas, menos a Dios” reconoce Luz Dary.

La separación llegó y fue de mutuo acuerdo hasta que, cuando la hija de ambos enfermó, volvieron a estar en relación. Sin haberlo decidido Luz Dary quedó nuevamente embarazada y para mayor sorpresa, venían gemelos. Su esposo al enterarse fue categórico exigiendo que debía abortar, y ella aceptó. Recuerda haber tomado “algo natural” que le dieron para abortar. Como consecuencia ella debió ser atendida en urgencias... uno de los gemelos estaba muerto y lograron que retuviese al otro, quien con el tiempo pudo nacer. Pero esta no era la última crisis que ella enfrentaría y así lo narra…

La enfermedad que trae esperanza
“Meses después me diagnosticaron unos aneurismas que por su tamaño, cantidad y ubicación eran inoperables. Luis Orozco, médico cirujano del Centro de Salud Perla del Caribe, en Santa Marta, me dijo que tendría unos cuatro meses de vida, nada más. A mí se me cayó el mundo porque tenía un basurero de hogar. Inicialmente pensé que era un castigo lo que me estaba pasando… Sola, con un proceso de separación, el niño tenía un año de edad y la niña seis años, problemas laborales, la enfermedad, sin mi madre cerca porque no teníamos mucha relación”.

Fue su jefe laboral, el norteamericano Harold Mcbride, quien al verla sumiéndose en la angustia, derrotada, le habló firme y sobre Dios, para que reaccionara. Hasta hoy se lo agradece. Una semana después, comienzos de febrero del año 2003, estando sola en su habitación el alma de Luz Dary cayó de rodillas… “En medio de mi desesperación, llorando, yo reté a Dios y le dije: «Si tu existes, si tu verdaderamente existes dame una prueba, porque yo no creo en ti. No lo hagas por mí, hazlo por mis hijos que no tienen quien los cuide»”

No pasaron muchos días y fue citada a la consulta del médico Jaime Blanco en la Clínica La Asunción de Barranquilla, donde el facultativo le sugirió someterse a una intervención quirúrgica. Aunque fue sincero para decirle que era muy escaza la posibilidad de éxito, le animó a tomar ese riesgo.

La intervención de la Gracia
Luz Dary accedió y tiene vivo el recuerdo del momento en que la ingresaron al pabellón para intervenirla. Estaban en los primeros procedimientos para sedarla cuando inesperadamente, dice, el doctor Blanco se desmayó y todos los de su equipo acudieron a levantarlo, llevándolo fuera. “En ese momento, estando sola, vi entrar una luz radiante y con ella alguien de quien sólo pude distinguir sus pies, llevaba unas sandalias. Fue acercándose en la luz hasta llegar al lado de la camilla, su luz se extendió sobre mí transitando cual si fuese una mano desde el cuello hasta mi pelvis, dos veces y luego ya no estaba ahí. Sentí, sabía, que me había sanado” dice Luz Dary.

Cuando el equipo médico regresó y reiniciaron el procedimiento para intentar reparar los aneurismas insertando “stent”, descubrieron que “ya no había aneurismas y que estaba completamente sana”.

Esta intervención extraordinaria de Dios es inolvidable para esta mujer cuya conversión transcurrió luego al abrigo de la Iglesia, que es hasta hoy su familia y el lugar donde renueva cada día ese fervor primero que Dios le regaló por gracia…

“Dios no solo me sanó, me liberó. Comencé una nueva vida en el Señor. Luego Él restauró mi matrimonio y me regaló el sacramento ya que estábamos casados sólo por lo civil.  Mis padres, que también eran ateos, se casaron cinco años después. El Señor rompió cadenas y ahora le sirvo en Espíritu y en verdad cuando quiera, como quiera; me dejo usar para la gloria de Dios porque lo que gratis recibes, gratis lo das. ¡La gloria sea para Jesucristo!”.

Fuente: Portaluz.com
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