500 años de la Reforma Protestante

Dios es único e indivisible. Cristo también fue sólo uno. Sin embargo, en torno a ambos se han dado, constantemente, conflictos que han marcado la historia del hombre desde siempre. Y puede que ni ellos, Dios o Jesús, tuvieran la culpa: las divisiones son más cosa de seres humanos.

Hace 500 años, en el seno del Cristianismo se gestó uno de los cambios más importantes de la modernidad: la Reforma protestante. Fue un monje Franciscano, Martin Lutero, cansado de la corrupción de la Iglesia Católica, quien expuso en la puerta de la Catedral de Wittenberg, en Alemania, sus 95 tesis.

Lutero partía de la idea de que había que generar unos cambios profundos en los usos y costumbres de la Iglesia Católica, además de que negaban la inviolabilidad del Papa sobre toda la cristiandad. La idea principal era recuperar los principales elementos del cristianismo primitivo, y que se habían ido desdibujando por la forma en que el catolicismo gestionó la fe basada en Cristo. Uno de los catalizadores del movimiento fue la venta de indulgencias.

Entonces se necesitaba financiar la construcción de la Imponente Catedral de San Pedro, en Roma. En vista de que muchos de los recursos de la Iglesia se habían dilapidado por los malos manejos, se intentó buscar alguna forma para juntar dinero.

A los clérigos se les ocurrió vender indulgencias. El sistema consistía, básicamente, en que un “pecador” confesaba lo que había hecho. A cambio de una suma de dinero, el sacerdote le garantizaba su entrada al Paraíso. Era como vender parcelas en el cielo.
La indulgencias fueron el “escándalo mediático” de la época. Junto a eso, el uso de la imprenta, uno de los inventos que habría de revolucionar la Historia, ya se había popularizado; y Lutero se valió de ello para exponer sus ideas. El documento se llamaba, en latín, Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum (cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias).

Grosso modo, Lutero criticaba el accionar de la Iglesia, la indulgencias, la opulencia, la corrupción, la persona del Papa, la falta de caridad por parte de los sacerdotes, la interpretación de las escrituras, la idea del cielo, el infierno y el purgatorio.

De tal impacto fueron las ideas de Lutero, que a partir de entonces se generó un cisma del Catolicismo, que con el tiempo vendría a formar lo que se conoció como el protestantismo.

Muchos países de Europa, aprovechando la oportunidad, empezaron a alejarse de la Iglesia de Roma, y a gestionar un Estado más independiente. Fue especialmente entre la alta nobleza en donde los postulados protestantes tuvieron más eco.

La “osadía” de Lutero le granjeó enemistades poderosas. El Papa a la cabeza. Luego de que divulgara sus tesis, contra él se dio una persecución que lo llevó a vivir, a partir de 1521, escondiéndose.

Nunca pensó, sin embargo, los alcances de sus tesis y hasta qué punto significarían tal división dentro de la Monarquía Europea y el Catolicismo. Desde el siglo XVI, muchas de las guerras que azotaron al viejo continente tuvieron, por lo menos hasta la Primera Guerra Mundial, algún impulso religioso.

Ahora, 500 años después, se siguen sintiendo los efectos de la Reforma Protestante de Martín Lutero. Hay más de cuatro millones de fieles que se han sentido identificados con aquellos postulados, que estimularon la aparición del Cristianismo moderno, ajeno al Catolicismo, tal cual se conoce hoy.

Fuente: kienyke.com

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