Opinión: La teofobia colombiana

A propósito de la Semana Santa que se celebra en estos días, es bueno recordar que la Constitución Política de Colombia garantiza la libertad de cultos, tal como lo dispone el artículo 19. Además, como dice en el artículo 18, la libertad de conciencia también es un derecho fundamental, “nadie puede ser molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia“.

En días recientes, la Corte Constitucional profirió una sentencia en la que condenaba el uso de la palabra “marica” o “maricon” para referirse a personas de la comunidad LGBT. Queda claro que la corte avanza cada vez más en contra de la discriminación del movimiento gay. De hecho, en la legislación colombiana contamos con una ley antidiscriminación, la Ley 1752 de 2015 que tiene por objeto: “Sancionar penalmente actos de discriminación por razones de raza, etnia, religión, nacionalidad, ideología política o filosófica, sexo u orientación sexual, discapacidad y demás razones de discriminación”.


Dicha ley se aplica a favor de todos, menos de los cristianos evangélicos, grupo que histórica y estructuralmente es discriminado y perseguido. Los cristianos evangélicos son los nuevos parias sociales de Colombia, como en algún momento lo fueron los judíos para la Alemania hitleriana. En los medios de comunicación se respira matoneo, persecución, odio y discriminación en contra de esta comunidad.

En la actualidad, la teofobia no solo se entiende como miedo Dios, sino como odio a Él  y a todo lo que se considere sagrado. Sobre todo, odio a quienes manifiestan algún tipo de espiritualidad. Por ejemplo, en días recientes el polémico pastor Miguel Arrazola fue quemado en la hoguera de los medios de comunicación y las redes sociales, no le perdonan su cercanía al expresidente Uribe y que se haya comprometido el “No” en el plebiscito del año pasado.

Personajes como Vivian Morales, Alejandro Ordoñez, Ángela Hernández, Oswaldo Ortiz, son odiados, ridiculizados y matoneados; todo porque manifiestan sus creencias religiosas y sus valores morales. En Colombia se acepta que el ateo, el gay, el agnóstico digan lo que se les viene en gana y esto se considera libertad de expresión. Sin embargo, la libertad de expresión del cristiano evangélico es sofocada, ridiculizada, perseguida, distorsionada, ¡todos callan! Mientras se materializa el genocidio intelectual y jurídico contra la comunidad evangélica, nos acercamos peligrosamente a la persecución física del creyente en Colombia.

Si se supone que estamos en un país democrático, lo cual implica que todas las personas pueden usar su dinero como mejor les parezca siempre y cuando el fin sea lícito, es irracional el matoneo y la persecución a las personas que dan el diezmo en virtud de su libertad religiosa.  No creemos que el diezmo que el evangélico entrega a su comunidad espiritual se lo descuenten a quien lo crítica. La gente se gasta el dinero en drogas, sexo, viajes, cirugías estéticas, teléfonos de alta gama, y nadie los reprocha, eso hace parte de la libertad personal. Ahora, el nuevo ataque es por los diezmos, que según los enemigos de la fe cristiana, los evangélicos, deben mandar para reconstruir la ciudad de Mocoa.

Nos preguntamos, ¿saben cuántas ayudas ha enviado la comunidad evangélica a Mocoa?, ¿se han tomado la tarea de investigar cuánto dinero invierten las iglesias en asistencia social a comunidades vulnerables?, ¿tienen conocimiento de cuántas escuelas y hospitales financian los evangélicos en Colombia?, ¿tienen los evangélicos que difundir en las redes sociales todo esto para ganar likes a la manera Claudia López?, ¿son los evangélicos los responsables de resolver las dolorosas tragedias humanas?, ¿están llamados los evangélicos a remplazar el Estado? Si los cristianos pagan impuestos, ¿acaso esos no deberían invertirse en resolver la crisis humanitaria en Mocoa?

Tampoco se conocen los aportes a los damnificados de Mocoa de parte de ateos, medios de comunicación, blogueros, youtubers, tuiteros, comunidad LBGT, agnósticos, etc. No obstante, a ellos nadie les reclama, nadie les reprocha. A los evangélicos sí. Los evangélicos son los malos de la película, el trompo de puchar. Ojalá la Corte Constitucional que con tanto ahínco se ha comprometido con la causa LGBT se matricule con la causa de aquellos que también son perseguidos, atacados y sofocados ante el silencio impune de las autoridades. Cristo nos redima.

HALINISKY SANCHEZ MENESES

Fuente: www.las2orillas.co


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