Denuncia de blasfemia desata graves disturbios interreligiosos en Pakistán


Una acusación de blasfemia por un musulmán contra un cristiano en la ciudad de Lahore desató graves disturbios interreligiosos este fin de semana en Pakistán, donde el Supremo criticó hoy con dureza la actuación policial en el asunto.

La acusación de blasfemia el pasado viernes fue seguida de serios incidentes en la nororiental Lahore a cargo de miles de exaltados musulmanes que quemaron viviendas de cristianos, lo cual suscitó ayer las iras de la comunidad cristiana en todo el país.

Los disturbios más graves tuvieron lugar en la ciudad meridional de Karachi y en Lahore, donde ocho policías resultaron heridos por los manifestantes cristianos, 35 de los cuales fueron arrestados, según un responsable policial de esta localidad, Malik Harún.

"Los manifestantes lanzaron pierdas y otros objetos contra las fuerzas de seguridad, que respondieron con el lanzamiento de gases lacrimógenos", relató Harún.

En Karachi, medio centenar de vehículos fueron destrozados por los airados cristianos, que cortaron durante varias horas las principales arterias de esa ciudad portuaria.

Durante el fin de semana, la Policía de Lahore también arrestó "al menos a 120 personas" en relación a la quema de más de un centenar de casas en la colonia cristiana de Joseph Colony, según un portavoz de la Jefatura policial de la ciudad, Hammad Razá.

"Los detenidos han sido arrestados por destrozos y la quema de propiedad pública y de una iglesia", afirmó el portavoz policial.

De acuerdo a la estricta legislación antiblasfemia paquistaní, la quema de un lugar de culto constituye delito de blasfemia, aunque la Policía no informó de ninguna acusación en este sentido contra los musulmanes arrestados.

Sí se ha abierto en cambio un caso contra el cristiano Sawan Bodi, que el viernes fue acusado de blasfemia y que sufrió un intento de linchamiento a manos de una turba de al menos 2.000 personas.

Según los acusadores, Bodi profirió insultos contra el profeta Mahoma, algo que fue negado ante la Policía por sus familiares y puesto en duda por portavoces de la comunidad cristiana local.

El sábado se repitió la escena del día anterior y 7.000 personas, según medios locales, asaltaron el barrio de Joseph Colony y quemaron más de cien casas -175 según medios locales-, lo cual provocó la huida de cientos de cristianos de la zona.

El responsable policial del barrio, Hafiz Abdul Majid, reconoció el sábado al diario local Pakistan Today que las pesquisas iniciales indican que se trata de una acusación falsa, pero que se vio "forzado" a aceptar la denuncia para evitar disturbios.

La gravedad de los incidentes motivó la actuación de oficio de la máxima instancia judicial del país, el Tribunal Supremo, cuyo presidente, Iftikhar Chuadhry, criticó hoy a las fuerzas de seguridad por no proteger a los ciudadanos, según medios locales.

De acuerdo con los rotativos Express Tribune y Dawn, el jefe del Tribunal acuso a la Policía de no parecer interesada en el caso e incluso de proteger más a los agresores que a las víctimas.

Fuentes policiales citadas por medios locales relataron que el acusado de blasfemia y su principal acusador, Shahid Imrán, eran amigos pero que el pasado miércoles se enfrascaron en una disputa tras haber bebido alcohol juntos.

Según testimonios de vecinos de la zona recogidos por el diario Express Tribiune, comerciantes musulmanes de la zona aprovecharon el incidente para fomentar los disturbios y forzar la marcha de las familias cristianas con la intención de ocupar sus terrenos.

El caso ha suscitado numerosas condenas, entre ellas del presidente, Asif Alí Zardari, y el primer ministro, Rajá Pervez Ashraf.

La legislación antiblasfemia de Pakistán surgió en el período colonial británico, pero las reformas de los años 80 del dictador Mohamed Zia ul Haq (1977-1988) dieron alas a los extremistas para abusar de la ley, y atacar a cristianos y otras minorías.

Aunque no hay cifras oficiales, miembros de la jerarquía eclesiástica en Pakistán estiman que el país alberga al menos a 4 millones de seguidores de la fe cristiana, en su mayoría católicos, lo que apenas supera el dos por ciento de la población paquistaní.

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