El predicador que "secuestró" un avión


"Un perro valía más que yo". Eso dice el boliviano José Marc Flores en una de sus prédicas grabada antes de que fuera detenido por secuestrar un avión de Aeroméxico el pasado miércoles.
Flores -que entre los evangelistas mexicanos es conocido como Josmar- nació y creció en Santa Cruz, donde era llamado Titi.
Su madre, María Pereira relata que Josmar fue un muchacho normal hasta los 14 años, cuando uno de sus mejores amigos murió al volcarse el vehículo que él mismo conducía en una carrera.
Josmar había ofrecido a su amigo una caja de cervezas si es que ganaba la competencia, pero no hubo cerveza ni festejo debido a la tragedia.
Según su familia, Josmar perdió entonces el norte de su vida y a los 16 años se convirtió en chofer de camiones de la empresa de transporte que tenía su padre.
En ese ir y venir por las carreteras habría conocido el poder de las drogas, que lo llevarían después a la cárcel.
De eso ya hace 17 años. En México se le acabó el dinero e, incluso, llegó a comer basura, por lo que "estuvo a punto de suicidarse en los rieles del metro", cuenta la madre.
En esos rieles fue encontrado por un evangelista que lo llevó a su casa y lo convirtió para que siguiera los pasos de Jesucristo. Luego se hizo predicador y cantante de música cristiana.
Una vez rehabilitado regresó a Bolivia para llevarse a la que fue novia, Elizabeth Melgar, quien había quedado embarazada de su primer hijo.
Tres hijos y un futuro incierto
Ahora, Josmar tiene tres hijos, quienes acompañan a su padre en las giras de prédica, porque también son cantantes. Doña María dice que hace tres meses Josmar intentaba hablar con el presidente de México, Felipe Calderón, "para que dé una apertura para predicar la palabra de Dios".
Ella cuenta que como Josmar no obtuvo resultados "dijo, 'si esto lo hago (secuestrar el avión) el presidente me va a escuchar'".
Doña María cuenta que muchas radios cristianas en México fueron acalladas y que por eso su hijo buscaba un espacio donde predicar "tal vez en Televisa o en otro lugar", porque según su criterio, no hay otra forma de salvar a un drogadicto que no sea la conversión.
La señora Pereira ahora vive en Santa Cruz, pero indica que una vez al año viaja a México para ayudarle a su hijo en la prédica. Dice estar tranquila porque Dios decidirá el futuro de su hijo por eso "no buscamos abogado". Y, si finalmente es condenado, "igual predicará en la cárcel", señala esta mujer que reconoce que su hijo "cometió un delito, no lo aplaudo, porque no es eso lo que dice la Biblia, pero a veces Dios nos revela cosas de esta manera".
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